jueves, 8 de enero de 2015

La ecuación de la felicidad

Nos pasamos la vida buscando la "X" en la ecuación, nos concentramos tanto en la búsqueda de dicha incógnita, que en realidad al llegar al mitad del tiempo en el proyecto, perdemos la percepción de la realidad en la que nos encontramos.


A decir verdad, a mitad del camino se nos olvida lo que estamos buscando, así que vamos dividiendo la búsqueda en otras sub-divisiones, éstas a su vez, puedes dividirse de igual forma; para explicarme un poquito mejor, vamos dividiendo nuestra búsqueda hacia la felicidad en cada vez más cosas, normalmente llenamos nuestros vacíos con objetos materiales, un carro nuevo por ejemplo, un teléfono, la nueva droga del mercado, el mejor producto para..; pero a la final el objetivo es el mismo, llenar el vacío que nos da únicamente el ser felices.

La X, siempre estará en el origen. Damos vueltas en círculos 

¿A qué llamamos felicidad?

Es un estado emocional que se produce en la persona cuando cree haber alcanzado una meta deseada.

Entonces cito a Aristóteles, "todos estamos de acuerdo en que queremos ser felices, pero en cuanto intentamos aclarar cómo podemos serlo empiezan las discrepancias".
Hay metas que solo llenan nuestro ego y otras, que nos llenan el alma.
La balanza de la vida está dividida entre EGO/ALMA.

Para darte un ejemplo:

Todas las cosas materiales nos llenan el ego, cada vez queremos más, vivimos en un mundo material, que solo atrae más materialismo, poder, dinero y envidia, mucha envidia.
El alma por otro lado, se complementa con la satisfacción de tener alrededor de nosotros ésa persona especial con la que compartimos un proyecto de vida, la hora de meditación que tenemos con nosotros mismos (muchos lo llaman religión, yo lo llamaría "ponerme en contacto con el universo", para ser sincera, no soy muy de fanatismos).


Epicuro y los tres tipos de placeres:

· Los naturales y necesarios: las necesidades físicas básicas, alimentarse, calmar la sed, el abrigo y el sentido de seguridad.
· Los naturales e innecesarios: la conversación amena, la gratificación sexual y las artes.
· Los innaturales e innecesarios, que considera superfluos: la fama, el poder político o el prestigio.

Epicuro formuló algunas recomendaciones en torno a todas estas categorías de deseos:
·         El hombre debe satisfacer los deseos naturales necesarios de la forma más económica posible.
·         Se pueden perseguir los deseos naturales innecesarios hasta la satisfacción del corazón, pero no más allá.
·         No se debe arriesgar la salud, la amistad, la economía en la búsqueda de satisfacer un deseo innecesario, pues esto sólo conduce a un sufrimiento futuro.
·         Hay que evitar por completo los deseos innaturales innecesarios, pues el placer o satisfacción que producen es efímero.
También distinguía entre dos tipos de placeres, basados en la división del hombre en dos entes diferentes pero unidos:
  • placeres del cuerpo: aunque considera que son los más importantes, en el fondo su propuesta es la renuncia de estos placeres y la búsqueda de la carencia de apetito y dolor corporal;
  • placeres del alma: el placer del alma es superior al anterior, pues el corporal tiene vigencia en el momento presente, pero es efímero y temporal, mientras que los del alma son más duraderos y además pueden eliminar o atenuar los dolores del cuerpo.

Epicuro dice que “todo placer es un bien en la medida en que tiene por compañera a la naturaleza”. Los placeres vanos no son buenos, porque a la larga acarrearán dolor y no sólo son más difíciles de conseguir, sino además más fáciles de perder.
También habla de la importancia de poseer una virtud para elegir y ordenar los placeres: la prudencia.
El discernimiento de los diferentes placeres y la recta prudencia, permiten acercarse a una vida feliz, lo cual constituye el objeto de la filosofía.

Epicuro valoraba como placer fundamental la tranquilidad del alma y la ausencia de dolor: “la ausencia de turbación y de dolor son placeres estables; en cambio, el goce y la alegría resultan placeres en movimiento por su vivacidad. Cuando decimos entonces, que el placer es un fin, no nos referimos a los placeres de los inmoderados, sino en hallarnos libres de sufrimientos del cuerpo y de turbación del alma”.

Una rica vida privada, rodeada de amistades y de placeres moderados con el mínimo de dolores posibles y tranquilidad en el alma, brinda la felicidad.

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